Transparencia alimentaria

“El olor del aceite era muy fuerte pero no desconfié porque me lo vendió una persona de confianza”.  Estas son las declaraciones de una de las personas que han denunciado el último fraude del aceite de oliva. Una nueva alerta por aceite de oliva. ¿Estamos más cerca de un nuevo síndrome tóxico?

Se publica una alerta en 2023. En el 2022 se declaró otra alerta. ¿La historia se repite? ¿Está en peligro la seguridad alimentaria?

“La envasadora andaluza, tuvo registro sanitario en su día, pero se dio de baja, por lo que es clandestina y no tiene control sanitario, y sólo eso ya es un motivo de inmovilización. Además, los envases están mal etiquetados, con número de registros que no existen y otros que proceden también de Andalucía, pero entran a través de Portugal, con un número de registro de ese país, por lo que se dio traslado a la Agencia Española de Salud Alimentaria para que se pusiese en contacto con las autoridades lusas”. Estas son las declaraciones del subdirector de Calidad Alimentaria de la Junta de Extremadura a la Agencia EFE.

En dos años, dos alertas por venta de aceite de oliva sin garantía sanitaria.

¿Cómo puede el consumidor confiar en que cuando compra una garrafa de aceite etiquetada como aceite de oliva virgen extra es así y no es un engaño?

¿Las administraciones de seguridad alimentaria avisan al consumidor? ¿De la misma manera que recibimos alertas y nos advierten de aquello en que nos tenemos que fijar cuando recibimos un SMS o un correo electrónico fraudulento. ¿Podríamos recibir información para poder distinguir de una etiqueta engañosa de una que no lo es?

Cada semana aparecen nuevas marcas de aceite de oliva no apto para el consumo humano. Un buen ejemplo de transparencia consistiría en mostrar cómo es el etiquetado de este aceite no apto para el consumo humano y qué engaños podemos encontrar en estas etiquetas.

¿Qué opinan los envasadores y productores honrados? ¿Cómo conocer en quién podemos confiar? Se hecha de menos estas opiniones de los productores responsables que trabajan de una manera escrupulosa y garantizando la seguridad alimentaria.

«Se presentan casos de una enfermedad rara. Cada día se conocen nuevos casos. Se manejan diferentes teorías. Enferman personas de todas las edades». Así se conoció el inicio de la intoxicación más grande de la historia, más de 20.000 afectados y más de 3.000 muertos. La intoxicación alimentaria por consumo de aceite de colza, el síndrome tóxico.

Se le llama intoxicación por aceite de colza, pero en realidad, se vendía como aceite de oliva. Era un aceite adulterado. Como en las recientes alertas alimentarias, se vendía aceite de oliva adulterado.

Sigue habiendo algunos empresarios que mezclan aceites de diversos orígenes, incluso con aceites no aptos para el consumo humano, como los aceites lampantes.

¿Qué actuaciones llevan a cabo las administraciones para que no se repitan estos fraudes?

¿Qué tienen en común las respuestas de las administraciones actuales con las del 1981? ¿Priman evitar crear alarma?

Ahora las autoridades advierten que no es un problema de salud. Este texto aparece en el comunicado de la Junta de Andalucía: “Hasta la fecha no se ha identificado ningún peligro que suponga un riesgo para la salud”.

En 1981 también se transmitía “Nos preocupa mucho más la psicosis colectiva que se ha creado que la propia enfermedad”. Y se culpaba a la prensa.

Declaraciones del Ministro en la intoxicación por aceite de colza
Recorte del diario «La Vanguardia» del 27 de junio de 1981
Es menos grave que una gripe- Declaraciones en prensa
Recorte del diario «La Vanguardia» del 22 de mayo de 1981

No deberíamos olvidar lo que pasó en el año 1981, cuando unos empresarios utilizaron mezclas de aceites que contenían unos compuestos químicos, las anilinas, para venderlo como aceite de oliva.

Actualmente aún hay más de 20.000 personas que padecen las secuelas por el envenenamiento por el Síndrome del Aceite Tóxico. Las asociaciones de afectados, como la “plataforma seguimos viviendo” siguen denunciando el olvido de las administraciones hacia ellos. https://plataformaseguimosviviendo.blogspot.com/

Síndrome tóxico por consumo de aceite de colza

Fue el 1 de mayo de 1981 cuando se produce la primera víctima de la intoxicación. Un niño de 8 años de Torrejón de Ardoz. No fue hasta el 10 de junio que los síntomas que aparecen en los afectados se atribuyen a una intoxicación por aceite adulterado.

Actuó la justicia, pero su actuación podría haber sido diferente. La primera sentencia fue en el año 1989 y, después de reclamaciones, apelaciones y demás artilugios legales, pasando desde la sala penal de la Audiencia Nacional al Tribunal Supremo, la última sentencia fue en 1997. Tuvieron que pasar 16 años.

Protestas tras la sentencia del síndrome tóxico
Foto de Marisa Florez. Diario «El Pais» 20-5-1989

El funcionamiento de la Administración de Justicia pudo ser mejor. El ministerio fiscal estimaba que los hechos no eran constitutivos de delito y solicitaba la libre absolución de los acusados y el Abogado del Estado, como responsable civil subsidiario, estimó que no procedía declara la responsabilidad civil del estado, al no ser los hechos realizados, por los funcionarios constitutivos de delito, según se desprende del fallo de la primera sentencia.

En el año 1997 el Tribunal Supremo condenó al director del Laboratorio Central de Aduanas, M.H.B. como autor de un delito de imprudencia temeraria, con resultado de muerte y lesiones y como funcionario que era, declaró al Estado como responsable civil subsidiario también de la totalidad de las indemnizaciones.

Veamos los hechos probados en dichas sentencias. En la actualidad, ¿Nos podemos encontrar con hechos similares a los de 1981?

Hechos probados:

“En 1980 se encontraba prohibida la venta a granel de aceite y sin etiquetas, así como también la venta ambulante y domiciliaria de los aceites comestibles y era obligatorio el empleo de envases con precinto y marca registrada. La venta en espacios abiertos, mercadillos dependía de las disposiciones de cada ayuntamiento.”

“En este mercadillo existía un puesto de venta de aceites y aceitunas, regentado por C.P. , con licencia fiscal y municipal de Alcorcón, en el que además de otros aceites se vendía aceite en garrafas sin etiqueta, procedente de R.A.E.L.C.A. Además en gran parte de los puestos del mercadillo se vendía junto con otros productos aceite en garrafas de 5 litros sin etiqueta.”

“Ninguna venta ambulante, ni en mercadillo consta que fuese detectada por personal del Ayuntamiento, de aceite en garrafas, sin etiqueta, no incoándose ningún expediente sancionador.”

“Además, en gran parte de los puestos del mercadillo se vendía junto con otros productos aceite en garrafas de 5 litros sin etiqueta. También existían personas que vendían de forma ambulante, por la calle estas garrafas de aceite, como S.G. que hacía el reparto de garrafas compatible con su trabajo, como cobrador de autobuses. Ninguna venta ambulante, ni en mercadillo consta que fuese detectada por personal del Ayuntamiento, de aceite en garrafas, sin etiqueta, no incoándose ningún expediente sancionador. Tampoco consta que realizase ninguna visita o inspección a la empresa RAELCA, cuya la licencia municipal de apertura solicitada como se ha mencionado en 1979, no fue resuelta hasta 1982, cuando pasados estos hechos fue denegada.”

¿Los industriales del aceite de oliva aprendieron la lección? A la vista de los hechos del año 2022 y del año 2023 en que se han producido dos alertas alimentarias por adulterar el aceite de oliva, parece que aún hay industriales y comercializadores de aceite que utilizan prácticas no correctas.

¿Se puede repetir una intoxicación por consumo de aceite adulterado como la que ocurrió en 1981 con el aceite de colza?

Podría ser que sí. Continuamos expuestos a que empresarios manipulen mezclas de aceites sin ningún control sanitario. ¿Por qué no preguntamos a las autoridades sanitarias donde se han detectado estas contaminaciones? Podemos preguntar cuáles son los controles que realizan a los productores y distribuidores de estos aceites.

Si preguntamos a las autoridades de consumo de la región de Murcia, responsables de la vigilancia para evitar fraudes alimentarios, la respuesta es que no pueden facilitar información porque: “La información sobre el fraude que han cometido estos empresarios podría perjudicar los intereses económicos de la empresa”.

¿Por qué se compra este aceite adulterado? ¿Por el precio? ¿El consumidor no sabe leer una etiqueta? La verdad es que el etiquetado de estos aceites tiene pocas incorrecciones y hay que dedicar un esfuerzo considerable y tener conocimientos elevados para detectar dónde está el engaño.

En la etiqueta aparece la denominación de “Aceite de oliva virgen extra”. O sea, de los mejores aceites que podemos encontrar. En cuanto al precio, no hay nada que objetar, ya que el precio depende de la oferta y la demanda y en principio, si la denominación es “aceite de oliva extra”, esto es lo que nos tendríamos que encontrar en las garrafas.

Si analizamos la etiqueta de una de las marcas de aceite adulterado, vemos que se indica elaborado por:….. y  una serie de números que no sabemos qué quieren decir.

También vemos un teléfono móvil, con la leyenda: Distribuido por… y un número de teléfono móvil.

A la etiqueta le falta el nombre y dirección del responsable del aceite. Sólo conocemos el número de teléfono móvil. Haciendo una busca por Internet nos encontramos que este número aparece en la página web de un municipio de la provincia de Badajoz. ¡Sorpresa! Un aceite no apto para el consumo humano aparece en la web municipal de un municipio de Extremadura.

Parece que hay cierto interés en realizar fraude con el aceite. Y no parece que las administraciones sean efectivas en prevenir estas conductas.

Conforme pasan los días, van aumentando el número de marcas de aceite afectadas, ya son 17 marcas. El mensaje que publican es que en los análisis realizados han detectado mezclas de aceites con aceites lampantes, que no están autorizados para el consumo humano. También publican que no hay ningún peligro para la salud.

¿Por qué afirman que no hay ningún peligro para la salud si no se puede garantizar el origen de los aceites? Es el mensaje principal para evitar la alarma social, pero la experiencia nos demuestra, como ya pasó con el síndrome tóxico, que al consumidor se le ha de mostrar la información con transparencia, no simplemente con el mensaje típico de “no hay ningún peligro para la salud”.

¿Por qué no publican quienes son los responsables de estas prácticas fraudulentas detectadas en el 2023, como lo publicaron en la alerta del 2022? Con esta información el consumidor podría estar más atento con estas industrias y no volver a confiar en ellas.

Nos hemos olvidado de los miles de afectados que aún sufren las secuelas por la ingestión del aceite de colza contaminado y también nos estamos olvidando de que la historia se repite. El conocer quien realiza las acciones fraudulentas facilitaría que el consumidor tenga confianza en los servicios de inspección y los industriales honrados podrían vender sus productos sin necesidad de competir con los que se saltan la ley y ponen en peligro la salud de los consumidores.

El escenario puede cambiar. La Mesa de Coordinación de la Calidad Alimentaria aprobó el 21 de marzo una guía para la campaña especial de lucha contra el fraude del aceite de oliva y de orujo de oliva que se llevará a cabo durante el año 2023. El objetivo de esta guía, que ha coordinado el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), es ofrecer recomendaciones basadas en la experiencia de los servicios de fraudes de las comunidades autónomas y del propio ministerio para que la programación y ejecución de las inspecciones sea lo más eficaz posible.

La guía identifica las instalaciones de especial interés donde pueden producirse fraudes difíciles de detectar, establece recomendaciones para llevar a cabo los controles, y señala los puntos críticos para cada tipo de instalación.

Para el año 2023, en el marco del Programa Nacional de Control Oficial de la Cadena Alimentaria (PNCOCA 2021-2025), las comunidades Autónomas han programado 697 controles en el sector del aceite de oliva y el aceite de orujo de oliva basados en una evaluación del riesgo y en su número de operadores, lo que supone casi un 6 % más que el año anterior y controlar aproximadamente un 20 % de operadores.

Esperemos que estas actuaciones ayuden a incrementar la credibilidad en el sector del aceite de oliva y en el control oficial y podamos consumir aceite de oliva con plena seguridad.